Alito no puso al PRI en su mejor momento electoral, más bien todo lo contrario, Alito no logra lo mejor en la historia de su partido, más bien todo lo contrario, Alito no procura la unión de los miembros de su partido, más bien todo lo contrario, Alito no busca consolidar al PRI como una opción sólida y válida frente al poder, más bien todo lo contrario.
Alito es el enterrador del PRI, busca la confrontación al interior, la división, la exclusión, al interior de este instituto electoral hace todo lo que no se debe hacer o proponer como opción democrática.
En primer lugar, busca la reelección en un partido que una de sus más grandes banderas desde su fundación fue precisamente evitar la reelección; En segundo lugar, ante la división, el procura sumar todavía más división, se olvida de procurar unidad en torno a un proyecto político viable; En tercer lugar, censura la experiencia como algo negativo, cuando en su poca experiencia como político sus resultados son evidentemente malos; En cuarto lugar, se entrega al poder, se rinde al poderoso, dejando claro que él no será una oposición creíble o confiable; En quinto lugar, ante las opiniones distintas, reacciona sin respeto, con censura, amenaza y castiga.
Cinco puntos que dejan claro que Alito es todo lo que un partido no necesita, o acaso es lo que necesita para ser irrelevante y caminar hacia volverse un mini partido que solo sirve al poderoso y se acomoda según los tiempos que le convienen.
Alito aprendió del PVEM, del PT, observó que con poco puede ganar mucho un pequeño grupo, sacrificando pensamiento, ideales y proyectos, es así como todo indica que su sueño es hacer pequeño al PRI, con un liderazgo pequeño y con propuestas pequeñas.
Los partidos son importantes y necesarios para la vida política nacional, son fundamentales para el fortalecimiento de la democracia, nuestra imperfecta democracia padece lamentablemente de liderazgos que no aspiran a la grandeza de pensamiento o de ideas, buscan más acomodarse en espacios pequeños que les aseguren unas cuantas migajas y así dejar pasar y dejar hacer al poder.
Todavía falta la calificación de su reelección, quizá sea un breve momento su reinado, un espacio de tiempo digno del olvido, una dura lección de nuevas generaciones de políticos que pueden aprender de Alito justamente lo que no hay que hacer.
¿Acaso estamos en presencia de Alito en breve?
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