Aquí la realidad… el presidente López Obrador y la virtual presidenta electa, Claudia Sheinbaum, se reunieron el lunes pasado, en un encuentro que despejó cualquier duda sobre la puesta en marcha del conjunto de reformas constitucionales y legales conocido como plan C y que desbarató las insidias propagadas por sectores políticos y mediáticos de la oposición, que insinuaban un conflicto entre el mandatario en funciones y la ex jefa del Gobierno capitalino. Es claro que el plan avanza en los términos inicialmente propuestos por López Obrador y con adiciones solicitadas por Sheinbaum.
Luego entonces, el punto candente de las reformas es la del Poder Judicial, cuyos fallos han favorecido sistemáticamente los intereses privados en detrimento de las políticas gubernamentales orientadas a desmantelar el modelo neoliberal, quitar los reiterados lastres judiciales a las políticas de gobierno que han buscado fortalecer la soberanía nacional y reorientar el Estado hacia la satisfacción de las necesidades populares y la redistribución.
Sería erróneo e inexcusable que las presiones de los poderes fácticos financieros, con quienes Sheinbaum también ha mantenido reuniones en la semana reciente, lograran eliminar o distorsionar de la agenda legislativa el mandato popular que otorgó a la coalición gobernante la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y un amplio predominio en el Senado, donde esa alianza requerirá sólo de unos cuantos votos adicionales para llevar a cabo reformas constitucionales de fondo.
Sin embargo, es esencial que, desde la perspectiva del capital, se entienda que el saneamiento del Poder Judicial y la erradicación de prácticas corruptas, complicidades, favoritismos y conflictos de intereses, todos estos objetivos prioritarios del capítulo judicial del plan C, son indispensables para la consolidación de un sector público fuerte.
Hay que decirlo, un gobierno dotado de recursos impulsará el desarrollo que el país necesita… Sheinbaum planteó un margen de diálogo en el que podrán participar todos los sectores, es en ese espacio, y no mediante chantajes ilegítimos en los mercados cambiario y bursátil, donde deben manifestarse las preocupaciones de lo que eufemísticamente se llama los mercados y que, en realidad, está dominado por un puñado de corporaciones y fortunas. Además permítame decirlo, especuladores pagados…
3.7 millones de menores de entre cinco y 17 años están trabajando…
El pasado 12 de junio se conmemoró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Aquí sólo recordar, que la esclavitud moderna se ve de muchas formas, el trabajo infantil es una de las más comunes en México. Cerca de 3.7 millones de menores de entre cinco y 17 años están trabajando, la mayoría en malas condiciones, con jornadas largas y bajo esquemas que limitan sus derechos básicos.
La esclavitud moderna se ve de muchas formas, el trabajo infantil es una de las más comunes en México. Cada 12 de junio se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil como un recordatorio de lo necesario que es erradicar esta problemática; que impacta negativamente la niñez y adolescencia en las comunidades más vulnerables.
Las cifras sobre el trabajo infantil en México son preocupantes. Los vemos en semáforos, mercados, restaurantes y tiendas de servicio.
Aunque la mayoría de los menores de edad que trabajan son adolescentes, existe un número alarmante de niños pequeños en esta situación. Del total de menores en situación de trabajo infantil casi 400,000 tienen apenas de cinco a nueve años; 1.5 millones tienen entre 10 y 14 años y los 1.8 millones restantes son adolescentes de 15 a 17 años, según Inegi.
En México, según la ENTI, el 15% de los menores en situación de trabajo infantil laboran más de 48 horas a la semana; este nivel es incluso superior a lo que permiten las leyes para los adultos.
Además de la salud física y mental de los menores, el trabajo infantil impacta de manera importante en el nivel educativo de la población, desde un rezago en la escolaridad hasta el abandono total o parcial de los estudios. En México tres de cada 10 niñas, niños y adolescentes en situación de trabajo infantil no asisten a la escuela.
La inasistencia escolar se presentó en 42.7 % de los niños y en 32.8 % de las niñas, según datos de la ENTI. Este es una vergüenza, y nos hemos acostumbrado a hablar de democracia. ¿Dónde está?… nos vemos la próxima.
HASTA ENTONCES
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