Lo que nos parece nuevo no es otra cosa que lo que hemos olvidado, señala Arturo Pérez-Reverte, uno de mis escritores favoritos y le sobra razón.
Así la memoria olvida pronto lo que fue y se nos vuelve a poner sobre la mesa lo mismo que antaño, pero se nos ha olvidado y lo recibimos con cara de novedad y de asombro, suponiendo equivocadamente que es algo nuevo.
Así los políticos en las elecciones, pretendiendo presentarse con caras lavadas, con propuestas nuevas y frescas, cuando en su mayoría tienen un pasado poco presentable, un rostro manchado y un cúmulo de propuestas recicladas.
Incluso ante el fracaso, ante el abandono de sus cargos, son las candidaturas en algunos casos premios, en otros refugios, en ambos casos opera el olvido ciudadano como combustible.
Los premios para quienes aspiran a ser o repetir en un espacio relacionado con las elecciones se deben a la subordinación de los jefes, de los que mandan, que no son los ciudadanos, los jefes de partido, los jefes de grupo político, los dueños del poder, que premian a quienes fieles obedecieron, inocentes seríamos si suponemos que lo que buscan es el beneficio ciudadano.
Los otros los refugiados, las refugiadas, son aquellos que obtienen la candidatura, el espacio buscando escapar de la justicia, del señalamiento social, del fracaso burocrático y administrativo, es tan lamentable su desempeño que se puede configurar en delito o en fracaso no solo de uno, fracaso de toda una política que puede ser tan grande que mancha lo nacional, así que se encuentra en las elecciones, en las candidaturas, en espacio para lavar la cara, incluso perdiendo, se busca el olvido, pronto el relevo, queda atrás el fracaso burocrático y ante la pérdida en elecciones un reacomodo que nuble las mentes ciudadanas y nuevamente borrón y cuenta nueva.
Así somos, olvidadizos y ellas, ellos lo saben y nos aplican la misma dosis una y otra vez, salvo uno que otro, una que otra aguja en el pajar que nos muestra entonces a grandes hombres o mujeres que hacen la diferencia, son escasa, son escasos, pero los hay, a esos a esas no hay que olvidarlas, hay que traerlos incluso de regreso para que pongan orden en el gran desorden que prima en la política nacional.
Olvidemos lo olvidable, recordemos lo que vale la pena. Lo nuevo puede ser lo de antes, porque merece la pena tenerlo nuevamente.
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