Contra viento y marea nuevamente nos encontramos “celebrando” la Navidad, pongo la palabra de fiesta entre comillas por lo complicado que ha resultado para la humanidad llegar a esta etapa de celebración, que tiene el motivo no lo olvidemos de recordar y celebrar el nacimiento del niño Jesús, iniciando así la fundación de una de las iglesias más grandes del mundo que es la Iglesia Católica.
La Navidad ha resultado atractiva no solo para la religión católica, también para muchos que no profesan ninguna religión, es más, la Navidad ha sido adoptada como producto de mercado de los dueños del dinero en todo el mundo, generando un sistema de mercado tan complejo y poderoso que el dinero fluye a raudales en esta temporada.
Hemos llegado, unos con espíritu religioso, otros con sentido humano y familiar, otros tantos con ambición comercia y muchos más, millones con emoción y con inocencia a este momento, los pequeños sueñan con los regalos que les traerá Santa Claus de parte del niño Jesús.
Sea como sea, es un momento cargado natural o artificialmente de emociones múltiples, es un pequeño espacio en el tiempo donde los niños sonríen con más facilidad y es esta pequeña gran sonrisa lo que vale la pena, lo que merece el recuerdo que prevalecerá durante toda su vida.
Dicho lo anterior somos millones los que en el pasado tenemos buenos recuerdos de estas celebraciones, estos recuerdos nos han ayudado en momentos difíciles, así que quizá es bueno sumar momentos felices a nuestra existencia que nos va a hacer falta en los días duros.
Así que celebremos con fuerza y alegría los pocos momentos de celebración que la vida nos ofrece, este breve espacio es para procurar en la medida de los posibles buenos momentos y compartir lo mejor de nosotros con los otros, convirtiendo por unos días el espacio vacío en un espacio lleno de buenas intenciones, buenas acciones y buenos deseos.
Feliz Navidad a todos.
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