Ya no queda casi nada en el reloj presidencial, el bastón de mando de hecho se ha pasado ya y la contienda está en marcha.
Tendremos en México presidenta, de eso no hay duda.
Sin embargo, es bueno que pensemos, tantos años de buscar la Presidencia, tantos intentos en tantos partidos para llegar, para vivir y gobernar desde palacio nacional ¿para qué?
Las obligaciones del Estado son cada vez menos, pero siguen siendo las más importantes, el estado lo es todo, nada sobre este, nosotros mismos somos parte de este gran cuerpo que se denomina “estado” que tiene que ver con muchas cosas, con nuestro sistema de gobierno, con las instituciones, con el territorio, con nosotros mismos. El estado es lo que nos cobija, lo que nos identifica, lo que nos protege, lo que nos une, a cambio de un pacto, a cambio de un pago, a cambio de un reconocimiento.
Entregamos parte de nuestra libertad con un fin y un motivo muy específico, para que se nos cuide, para que sea este el estado el garante de la seguridad, que responda por los ataques que aquellos que están bajo su custodia sufran, para que los cubra con el manto de sus leyes, de sus derechos, de sus obligaciones y así lograr una convivencia mínima para convivir y de ser posible prosperar.
También entregamos parte de nuestra libertad por tener servicios de salud, por contar con instituciones que nos cuiden, que nos procuren, que prevean esos males, enfermedades y dolencias tan propias del ser humano.
Finalmente, la educación, como herramienta mínima e indispensable de dialogo internacional, de entendimiento, de comprensión y hasta de identidad ideológica.
Andrés Manuel, después de mucho competir llego a la silla presidencia y es justo preguntarnos ¿estamos mejor que antes, en seguridad, en salud y en educación?
Cada cual que responda lo que su mente y corazón le mande, le dicte o le someta, pero los indicadores, los números, las estadísticas, los exámenes y sobre todo las vidas perdidas, son la verdad y son de verdad.
Llegamos así casi al final del sexenio, sin seguridad, sin salud, sin educación… ¿o estamos mejor?
Lea el artículo completo aquí.



