La fiesta electoral es la gran fiesta de la democracia, o así tendría que ser, la democracia es muchas cosas y entre ellas parte fundamental son los procesos electorales con un árbitro que garantice las condiciones mínimas de competencia para todas las partes.
En México desde que tenemos un Instituto Electoral autónomo se han garantizado hasta la medida de lo posible que estos procesos electorales se desarrollen con normalidad, orden y resultados que casi siempre son aceptados por los contendientes.
Sin embargo, siempre hay elementos que inciden de forma directa o indirecta en los procesos y que quedan lejos del árbitro ya sea porque está fuera de sus facultades o porque la realidad es más fuerte que la propia institución electoral.
Elementos como el crimen que se ha involucrado lamentablemente en los procesos, la compra de votos por parte de los partidos y algunos grupos que se han profesionalizado en el comercializar procesos.
También en las elecciones inciden las campañas mismas, los descalabros y aciertos de los candidatos.
Los resultados se han respetado, no sin el enojo y las consecuencias de quienes no aceptan su derrota, caso no muy lejano la toma de Reforma por los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, cuando fue derrotado por Calderón.
Tenemos a la vista un proceso electoral más, más complejo, más difícil, más nutrido que los anteriores, como siempre ocurre proceso presidencial, tras proceso presidencial, las condiciones se van complicando cada vez más.
Hoy tenemos a un presidente que es el principal activo de una candidata, contamos con una institución electoral debilitada y que no tiene la confianza de todos los ciudadanos, tenemos una oposición que no termina de acomodarse para dar la pelea y un muy predecible resultado.
La democracia en México a la luz de lo que comento se ha debilitado, no ha logrado consolidarse en cuanto a su institución electoral, difícil pensar en que quien hoy tiene el poder acepte un resultado que no le favoreciera.
Así vamos de nueva cuenta a la fiesta, a la fiesta de las elecciones, pero ahora con menos velas y sin pastel, el final ya está cantado ya que las condiciones no son parejas y mucho menos equitativas.
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