Es imposible no pensar en Umberto Eco y en Mario Vargas Llosa, cuando hablan de las redes sociales, quienes la integran y lo superficial del contenido que manejan los llamados influencers, los cuales ganan millones, son dueños del mercado no sólo comercial, lo vimos recientemente también del mercado electoral.
Son las y los influencers, magos en redes, con una forma y modelo de comunicar que conecta de forma inmediata con miles, con millones de forma que logra cambiar y modificar comportamientos, consumos.
Son muy atractivos para los dueños del mercado este tipo de personas, tan hábiles para conectar emocionalmente con el mercado, logrando que se compre, que se venda, que se viaje o se deje de hacer tal o cual cosa, incluso como lo hemos visto también que se vote por una u otra opción.
También hemos sido testigos que mediante las redes sociales se ha convocado a movimientos masivos sociales en varios sentidos, se convoca desde saqueos en tiendas, hasta actos de resistencia civil.
En nuestro país acabamos de ver a una gran influencer de nombre Mariana que con toda su fuerza comunicativa llegó a su pareja al Gobierno del Estado de Nuevo León y haciendo gala de su gran penetración ahora lo estaba llevando rumbo a la Presidencia de la República.
Pero hay un mundo real, uno que está por encima de las percepciones, uno que es creado como base de la organización social y que forma lo que se llama estado y en su forma más democrática como sistema, Estado de Derecho, donde lo que prima es la ley y el respeto a la misma, es entonces cuando todo el mundo de fantasía de las redes se topa con el mundo que debe ser de certeza por el bien de la sociedad.
Lo que hemos visto ahora, Samuel García ha perdido la candidatura por Movimiento Ciudadano a la Presidencia de la República es una muestra de esto, la sustancia está en la ley, esta y debe de estar en el estado, sobre este no debe de existir nada.
Podrán ser miles, millones de seguidores que sean tocados por las y los influencers en redes, pero cuando se topan con el mundo real, desaparecen, como ha desaparecido Samuel de la boleta electoral, donde había tenido un comienzo trepidante por la vía de las redes y con el gran impulso de su esposa Mariana.
El problema de tener pies de barro es que son muy frágiles y no soportan el peso de la ley.
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