“Yo hago mis cosas y tú las tuyas. En muchas de las cosas que hago, tú tienes mucho que ver, y en muchas de tus cosas yo he contribuido…”. (Carmen Vázquez)
Llegué al consultorio, encendí la luz y dispuse el lugar para leer un rato, en compañía de una taza de café; antes de recibir a la persona que atendería primero. El amor entró, mostraba fortaleza y determinación, aunque sólo era aparente. Al empezar a revisar su situación actual, de inmediato emergió el conflicto, afloraron sus emociones y sentimientos; la llama se avivaba, cada vez que se refería a lo que vive aquí y ahora. Atendí su expresión integral, y aprecié su ansiedad, dolor, tristeza, decepción y frustración. Su historia es como la de muchos seres, en múltiples lugares; es decir, fluye a través del tiempo.
Habló de su elección, de las trampas en las que había incurrido, de las cosas que se dicen sobre él. Hasta el día de hoy había vivido con algunas creencias y expectativas de lo que tiene y debe ser. Se había entregado plenamente y con pasión a esa aventura, exploró diversas formas de amar y, sin embargo, se sentía desilusionado porque no haber encontrado a su media naranja.
¿Qué pasa cuando tu media naranja es toronja? Su enamoramiento fue fugaz, la pasión se escapó sin avisarle, el amor se esfumó silenciosamente, agobiado por la rutina. Por supuesto, la atracción mermó y, consecuentemente, el deseo sexual y el erotismo desaparecieron.
Entonces se percató de que entre la convivencia, la seguridad de la relación y la pasión había un espacio vacío que lo agobiaba. Así surgieron estas preguntas: ¿cuáles son los ingredientes que el amor requiere para sobrevivir en el entorno actual? ¿Acaso vivir en una relación matrimonial asegura la permanencia del amor para siempre? ¿Es cierto que el amor requiere conocer realmente la historia de ambos integrantes de una pareja para lograr la integración? ¿Es preciso saberlo todo sobre el otro? ¿Existe alguna vacuna que nos proteja del hastío y la rutina?
El amor es una tarea acuciosa, que provoca un intercambio y convivencia entre los involucrados en la relación. Por consiguiente, el amor es una tarea de los amantes, viven sujetos a normas preestablecidas y a la presión social, y a lo que debe ser. Hay una transición, del amor pasional-erótico al amor romántico. Ahora vivimos un nuevo paradigma del amor y sus relaciones, esto implica cuestionar nuestras creencias, eliminar los prejuicios hasta donde sea posible, hacerles frente a las presiones externas y abrir la puerta a nuevas formas de amar. Como personas, somos creadores de vínculos, pues los necesitamos para crecer, independientemente del modelo de referencia que sigamos.
El amor, sentado en el sillón, se daba cuenta que requería de la mirada y el contacto específico del otro para crear su propia identidad, validarse y validar, y así contar con cierta seguridad en sí mismo y en lo que persigue. Entonces recordé ese poema de Carmen Vázquez: “Yo hago mis cosas y tú las tuyas. En muchas de las cosas que hago, tú tienes mucho que ver, y en muchas de tus cosas yo he contribuido. Yo puedo ser yo contigo mientras tú puedes ser tú conmigo. Yo seré yo mientras tú seas tú. Y aunque por casualidad nos hayamos encontrado, continuemos juntos o separados nuestra vida nunca volverá a ser la misma, ya que nuestro encuentro nos habrá enriquecido”.
Así partió el amor, al término de la sesión, validado y valorado, como esa experiencia que nos acompaña siempre, nos impulsa a crecer y agradecer el encuentro con el otro.
Un abrazo. Que sea un buen fin de semana.
Por un mundo de confianza y esperanza.
Buen fin de semana… Colabora 2023
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