Cada año, desde 1986, alrededor de la segunda semana del mes de noviembre se conmemora la Semana Internacional de la Ciencia y la Paz; en dicha semana científicos, responsables políticos y ciudadanos de todo el mundo se reúnen para reflexionar sobre el papel fundamental que desempeña la ciencia en la construcción de un planeta más armonioso y pacífico.
La Semana Internacional de la Ciencia y la Paz tiene por objetivo enfatizar el compromiso de las naciones de utilizar el conocimiento científico para la búsqueda del bien común; asimismo, es una plataforma para que científicos e investigadores colaboren (a través del diálogo e intercambio de ideas) en la búsqueda de soluciones a algunos de los retos mundiales más desafiantes tales como el cambio climático, las pandemias y la escasez de recursos.
Entre los aspectos que se discuten en este espacio, es la importancia de la educación ya que es una pieza central para el logro del objetivo antes mencionado; el fomentar una cultura de investigación científica y pensamiento crítico, capacita a las generaciones futuras para contribuir a un mundo más pacífico y esto a su vez se puede lograr a través de iniciativas como talleres, seminarios y programas de divulgación educativa y así inspirar y amplificar el panorama de las mentes jóvenes para que sigan carreras científicas y se conviertan en agentes de un cambio positivo. A pesar de encontrarme adscrito a la licenciatura en Biología en la Universidad de Sonora, he tenido la oportunidad de impartir varias materias a otras carreras englobadas dentro de las Ciencias Biológicas y de la Salud y me he percatado de muchos jóvenes con inquietudes, con ganas de hacer cambios, con creatividad y dispuestos a dejarse guiar.
El consejo que me atrevería dar a los futuros profesionales en ciencia es siempre a visualizar ‘más allá’ de lo que se tiene en mente, a seguir su intuición, a documentarse, el estar abiertos al diálogo, a defender su punto de vista con sustentos sólidos y propuestas y de ser el caso, tener la sensatez y flexibilidad a cambiar su postura si lo que se les presenta resuena con la verdad y la objetividad y cuestionar constructivamente lo que leen, investigan y se les presenta para confirmar, reforzar o descartar. Asimismo, aun con toda y su preparación, como profesionistas de cualquier área del saber, se debe tener la habilidad de reconocer errores, que aquello en lo que se desconozca y/o se requiera se sepa seguir instrucciones y que todo lo que les apasione por descubrir e implementar vaya orientando en beneficio de la humanidad y el medio ambiente apegándose a la ética profesional.
La búsqueda de la paz a través de la ciencia también requiere un compromiso con la conducta ética, de ahí que la Semana Internacional de la Ciencia y la Paz fomenta el debate sobre la investigación y la innovación responsables, haciendo hincapié en la importancia de las consideraciones éticas en los esfuerzos científicos promoviendo la integridad y la transparencia en las prácticas de investigación y así contribuir a garantizar que los frutos del trabajo científico se utilicen para la mejora de todos y no en detrimento de nadie. Por otra parte, otro punto a favor del desarrollo de la ciencia orientada a la búsqueda de paz es el incremento de colaboraciones internacionales que se están generando ya que diversifican y amplifican las soluciones potenciales ante los actuales desafíos mundiales.
Finalmente, la Semana Internacional de la Ciencia y la Paz incentiva la comunicación de los resultados de la investigación y el consenso científico sobre cuestiones críticas a los responsables políticos y así garantizar que las políticas se basen en conocimientos científicos sólidos.
Por tanto y resumiendo, el fomentar la colaboración internacional, promover la conducta ética y abogar por políticas basadas en pruebas, logrará que los beneficios de la ciencia se aprovechen para la mejora de toda la humanidad.
Buen fin de semana.
Lea el artículo completo aquí.



