“Las lágrimas nacen del corazón, no del cerebro”. (Leonardo da Vinci)
En un arranque de espontaneidad decidí llamar a un amigo, para visitarlo y disfrutar de su compañía. Es agradable coincidir y charlar sobre varios temas; sabía que me esperaban algunas sorpresas en ese encuentro. Su rostro mostraba alegría y afecto. Saludé a su esposa, mujer hermosa y amada, fiel acompañante de mi quijote querido y validado.
En nuestra charla surgió el tema del aniversario de jubilación laboral, y acto seguido apareció una pequeña botella de vino tinto, la cual aguardaba una fecha especial: su último día de trabajo, y en la etiqueta decía: “Esta leyenda se jubila”. Así que disfrutamos de la bebida.
Ese día estuvieron con él sus nietos, hijas, esposa y compañeros de trabajo; fue un evento memorable, lleno de alegría, afecto y nostalgia. Escuché su narrativa con atención y amor, porque sé lo que significa su familia y el trabajo. Compartimos su sentir y pensar del suceso. También agradeció el tiempo que ahora disfruta con su esposa, hijas, yernos y nietos. Además, goza de escuchar la radio, su pasatiempo principal. Es su pasión, un momento de encuentros con bellas personas de otras latitudes.
Cuando compartió la muerte de un amigo peruano y el gran dolor que le causó esa pérdida, se le quebró la voz. Estaba planeando un encuentro con él, para disfrutar sus recuerdos y anécdotas. Él es de esas personas que llegan a nuestra vida y dejan su huella a través de las palabras, el afecto, la alegría de vivir y pasión por lo que haces. Agradecido estoy, amigo, por ser partícipe de tus sueños, alegrías, tristezas, logros y de tu familia. También reconozco tus lecciones y aprendizajes, honro lo que aportas a mi vida. Celebro tu creatividad, entrega a lo que haces profesionalmente, tu hermandad y preocupación tan genuina por tu familia de origen: amor por tus hermanas y hermanos. Incluso agregas en tu maleta emocional a otros tantos amigos que han escrito en tu corazón palabras de reconocimiento y admiración.
Que el dolor que vives por tantas cosas sea un llamado a reconocer todo lo que nos has brindado a quienes nos consideramos tus amigos-hermanos. Recordé esta frase de Leonardo da Vinci: “Las lágrimas nacen del corazón, no del cerebro”. Agradezco y aprendo de tu vulnerabilidad y pasión por vivir y dejar huella. Que todo lo que vives, aquí y ahora, sea para dar espacio a lo que tú necesitas de todos nosotros.
Ahora nos conviene aprovechar al máximo y vivir más el momento presente. Por ello celebro tu amistad, hermandad y cariño. La vulnerabilidad nos llega tarde o temprano, de una manera u otra, y es parte de nuestra vida. Conversar desde el corazón implica fragilidad, caer y levantarse, manejar las emociones que emergen ante algunos sucesos que nos arropan, a pesar de nuestra resistencia a sentir la vida plenamente.
El dolor, la tristeza y el sufrimiento son parte de la vida, y de ellos también extraemos lecciones y enseñanzas que nos permiten afrontar la vida de la mejor manera posible. Podremos alejarnos de los amigos cuando cada uno baje del tren de la vida, sin embargo, no olvidaremos el cariño, amor y las buenas acciones que nos prodigaron durante el tiempo que viajamos juntos.
Ya que estamos festejando, cantemos aquella que dice: Turututuru turututururu tururu Turututuru turututururu tururu…
¿Se la saben? Compartimos el mismo anhelo, compartimos el mismo cielo, compartimos el mismo tiempo y el mismo lugar… Amigo, sé que la conoces y la disfrutas un montón.
Un abrazo. Que sea un buen fin de semana.
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