“Todos estamos simplemente acompañándonos a casa”. (Rumi)
José Ignacio Lovio Arvizu
Tuve oportunidad de convivir y trabajar con varias personas sobre la gestión de las emociones en lo personal y laboral. Regresé a casa enriquecido, y recordé a B. Brown, que dice: “… El conocimiento más sutil sobre la conducta se basa en las experiencias de vida de la gente”. En verdad es un reto tocar, acompañar y apoyar a otros para que descubran su camino en el manejo de sus emociones, y así logren mejor calidad de vida emocional.
Conocí la historia de Clara, quien llegó puntual a la sesión y al observarla sentí una tristeza profunda que no podía explicar. Ella avisó que faltaría a la sesión, pues estaría de vacaciones; recibí su saludo y abrazo cálido y tierno. La abracé y pude contenerla por unos instantes, y me compartió que regresó de su viaje por un motivo doloroso. Cierto es que una pérdida duele, sin embargo, el reto es continuar siendo valiente para enfrentar y experimentar todas las emociones posibles, y volver a levantarnos.
Enfrentar estas situaciones requiere valentía, asumir la vulnerabilidad para ser auténticos. Una vez que tomamos este camino tendremos la certeza de que habrá caídas, tropiezos y algunos raspones. También podremos sentir con mayor claridad el amor, la alegría y pertenencia al grupo de referencia que es nuestra familia, amigos y compañeros de viaje. Este proceso es un reto, porque puedo ver el camino más claro, para vivir una vida plena y con todo el corazón.
Otra historia que se impregnó en mi piel fue la de Regina. Ella ha sobrevivido un par de ocasiones a una experiencia estremecedora, y está aquí y ahora agradecida con la vida. No se siente víctima de las circunstancias, solo solicita la escuchen cuando necesita expresar su sentir, es decir, sus emociones tal como las vive.
A algunas personas les resulta difícil escuchar activamente lo que alguien vive cuando ha estado en la antesala de la muerte en varias ocasiones. Cierto que no se nos ha preparado para acompañar y apoyar a nuestros seres queridos en esos trances. Gestionar las emociones y sentimientos implica un trabajo continuo; ser vulnerables, estar dispuestos a vivir intensamente lo que nos corresponde, y luego levantarnos para agradecer lo aprendido de esas experiencias.
También escuché directa y francamente la narrativa de una persona, a quien le reconozco su valor y valido integralmente: “Tengo miedo a la muerte, por ello no me gusta checarme”. Los vaivenes de su historia personal, familiar y profesional tienen aristas donde radican un sinfín de lecciones y aprendizajes.
Conversar desde el corazón implica vulnerabilidad, caer y levantarse, manejar las emociones que emergen ante algunos sucesos. Ser vulnerable resulta incómodo porque es exponerse, bajar la guardia, permitir que otros nos conozcan y vean nuestras heridas. Lo más significativo del proceso es ser valiente, y estar dispuesto a conocer lo que tenemos para salir adelante. Las caídas siempre van a doler, sin embargo, todo resulta en un aprendizaje cuando navegamos en el mar de las emociones, para darle así proporción adecuada a cada experiencia vivida. Hay que conocer y comprender el proceso de las emociones, y la incomodidad que en ocasiones nos provoca. Nuestra sociedad necesita la conexión y también el contacto.
En estas oportunidades de convivencia personal y profesional se originan experiencias maravillosas y enriquecedoras, porque cada persona aporta su proceso y los dones que posee para salir adelante. Me levanto fortalecido de cada caída y decido vivir mi vida con todo el corazón, porque esto me ha enseñado a acompañar y apoyar a otros. Gratitud infinita por atreverse a ser vulnerables y compartir sus historias.
Un abrazo. Que sea un buen fin de semana. Por un mundo de confianza y esperanza.
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