¿Era dueño Jesús de las sandalias que calzaba?, es parte del guion de una de las más extraordinarias películas que he visto en mi vida “El nombre de la rosa”, basada en uno de los mejores libros que he leído, del mismo nombre y del gran escritor Umberto Eco.
En la película entre otras discusiones los monjes discutían qué tipo de vida debería llevar quien formara parte de la Iglesia Católica, algunos señalaban que debería ser una vida austera, otros argumentaban todo lo contrario.
Parece que ahora esa discusión desde hace años la tenemos no en la Iglesia, se ha trasladado al poder, al ejercicio del poder, entonces la pregunta sería ¿qué tipo de comportamiento público y privado deben tener los burócratas y representantes?
Es evidente que las opiniones están divididas, comencemos por lo más alto, queda claro que el presidente de la República, Andrés Manuel López, señala y promueve no sólo la austeridad republicana, va más lejos y habla de la franciscana, pero él mismo vive en un palacio.
Bajemos un poco a la estructura inferior y hablemos de uno de sus hombres más cercanos, la boda de César Yáñez que fue incluso publicada en revistas de las llamadas rosas, esa ceremonia no fue “austera”, ni mucho menos.
Alguna vez a un diputado federal le sugerí que no usara relojes tan costosos, se molestó mucho y los siguió usando, ya no es diputado, ni funcionario, ni nada. A un dirigente sindical le hice algunas sugerencias en el mismo sentido, lo ha tomado en cuenta y ya su imagen es considerablemente más austera, este dirigente está consolidando su liderazgo. Hay secretarios que lo entienden y otros no, los que no lo entienden son señalados por la sociedad y por los medios, se molestan por ello, pero ¿acaso no sería mejor llevar una vida como lo ha propuesto AMLO?
El ser austero tiene muchas ventajas para los servidores públicos, suma a su buena imagen, en el extraño caso de que sean buenos funcionarios, además tendrán más bonos positivos con la sociedad que los observa.
Lamentablemente el poder nubla la vista, los que tuvieron antes, ahora tienen poder y no se limitan, los que nunca tuvieron y ahora tienen además poder, pierden el control de sus pensamientos.
El resultado está a la vista, siguen las fiestas, los lujos, la falta de austeridad republicana y/o pobreza franciscana, salvo en los presupuestos, en el gasto corriente de las oficinas donde faltan recursos materiales o humanos.
Un funcionario o funcionaria honesto, eficiente, transparente y austero, es y será desde mi punto de vista un sueño que se puede alcanzar.
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