El contador de Hermosillo
Camina y cuenta, camina y cuenta. Una cuenta que pierde y vuelve a comenzar sin fin. Nadie sabe qué es lo que cuenta en su mente, pero se ha ganado el corazón de los hermosillenses, así como hoy es, pero también prevalece el recuerdo de quien fue.
Por muchos años a diario iba a la Universidad de Sonora, según él mismo contaba a estudiar, tomaba la ruta López del Castillo y pagaba su pasaje como todos los usuarios, vecino de la colonia Olivares su historia es ya casi una leyenda, mientras él sigue caminando por las calles de Hermosillo hasta hoy día.
Algunas personas que dicen conocerlo aseguran que comenzó a perder la memoria paulatinamente a raíz de una decepción amorosa, pues cuando estaba a punto de casarse su prometida rompió el compromiso por allá finales de los 70’s.
Manuel Hernández es su nombre y se le conoce como ‘el contador’ pues siempre se le ve caminando y contando, señalando con un dedo al piso en cada cuenta.
Su familia estaba conformada por 3 o 4 hermanos más y su padre, quien falleció hace muchos años según testimonios de los vecinos; dos de sus hermanos fallecieron después en el mismo hogar en condiciones similares y sin cuidados pues al parecer no hay familiares que les apoyaran.
Cuando eran niños, su padre tenía una carreta de hot dogs frente al Jardín Juárez en el centro de la ciudad y ahí es donde más se dieron a conocer.
Pero todos los testimonios coinciden en algo: “es de buen corazón”; “yo le disparo los tacos”, “él hasta nos cuidaba a mi y a mi hermano cuando nos íbamos a jugar por la otra calle”; “comparte sus tacos con los perros”, etcétera, y hay quien hasta se toma la foto del recuerdo con él cuando se lo encuentran.
No falta que llegue acá o allá por la tacita de café, por el taco en la carretita. No hay mejor techo que el cielo, ver las estrellas en libertad y vivir sin ataduras, expresó en una ocasión a una pareja que no lo conocía y se acercó a ofrecerle un plato de comida, ya era noche y se veía vulnerable.
“Yo fui contador, tengo mi casa, pero me gusta vivir libre; tengo mucha gente que me ayuda, me ofrecen una tacita de café, en una casa por aquí cerca hasta me dejan bañarme ahí en un pedacito, soy la prueba que no se necesita más para ser feliz, que salud”, contó aquella ocasión por el año 2004.
La mayor parte del tiempo se le ve por rumbos del periférico norte, en los alrededores del mercado número 2, en las colonias Olivares, Balderrama, Luis Orci. Es buscado por adultos y jóvenes para platicar, tiene fama de buen conversador, pero cada vez habla menos. Su voz se va callando y apenas se escucha muy bajito 103, 104, 105, 106…
– ¿Cuántos llevas?, no falta quién le grite
– Mil, responde siempre.




