El Cruz Azul, es uno de los equipos de futbol con mayor tradición en el País, su afición es famosa por entregada, leal y paciente, han soportado durante años la ausencia de títulos que al final llegan y los celebran como se debe, con alegría, felicidad y pasión.
Lamentablemente el futbol nacional tiene muchos peros, señalemos algunos: Vemos actos de violencia al interior y alrededor de los estadios sin sanciones ejemplares o acciones contundentes que ayuden al mejor desarrollo del juego, y que sea, como debe ser un espectáculo familiar; La calidad del futbol nacional tampoco termina de crecer, lo hemos visto recientemente en los pésimos resultados en el Mundial pasado en Qatar; los vicios, las costumbres, los señalamientos de corrupción de la Federación Mexicana de Futbol, los acuerdos entre los dueños de los equipos, la limitación de la competencia, eliminando el tema del descenso, quitando así incentivos de mejora, la compra de franquicias que crea conflictos de interés. Lo anterior entre algunas cosas más, que no suman, que restan y mucho.
A esto se suma el lamentable, muy lamentable espectáculo que vivimos de la mano de un jugador del Cruz Azul, el cual tuvo la muy mala idea de celebrar una fiesta infantil con un tema de delincuencia, así es, los pequeños, menores de edad que acudieron a la fiesta fueron disfrazados como delincuentes.
Lo anterior dice mucho, dice demasiado de lo que somos como sociedad y lo poco dispuestos que estamos a asumirlo y a corregirlo. En primer lugar, tenemos a una familia de adultos que considera que el ser delincuente es lo suficientemente aceptable para que los que están en su casa los representen en el juego; En segundo lugar, expone a los menores a roles y comportamientos negativos; en tercer lugar, la tibieza y la ausencia de responsabilidad tanto del jugador, como del club y de la Federación.
Parece que a nadie le importa el tema, pero voy más lejos, las Instituciones responsables de velar por la salud y bienestar de los menores de edad tendrían que intervenir para saber si los menores que viven con este jugador y otros menores que se relacionan con este entorno se encuentran bien y en caso de ser necesario prestar apoyo.
Normalizar el comportamiento de los delincuentes, celebrarlo, representarlo, va sumando en la consolidación de valores que no son los que deseamos como sociedad, la consecuencia ya la tenemos a la vista, son varias generaciones de mexicanos que consideran que violar la ley no es tan malo.
Para terminar, el futbol es uno de los deportes más populares del mundo, los jugadores se convierten en referentes de comportamiento, entonces tanto la Federación, el Club y los jugadores deberían ceñirse a códigos de ética que granizaran el comportamiento correcto de todos en todo momento.
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