Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades destruidas hace 88 años por la explosión de sendas bombas atómicas debidas a la decisión del presidente Truman, con el propósito de lograr la rendición total de Japón y terminar así con la Segunda Guerra Mundial.
Obviamente esa decisión ha sido y seguirá siendo muy discutida debido a la cantidad de muertes causadas entre la población civil. Algunos analistas “justifican” el lanzamiento de la primera bomba sobre Hiroshima porque no se sabía los efectos que causarían sobre la población, pero tres días después se lanzó la segunda bomba sobre Nagasaki, cuando ya se conocía los terribles efectos causados por la primera bomba. El historiador americano Howard Zinn explica que “el lanzamiento de la segunda bomba estaba planeado de antemano y nadie ha podido explicar jamás porque se lanzó”.
En Hiroshima, la fábrica de armamentos Mitsubishi quedó semidestruida y poco después de la explosión, le avisaron al director Kitamura que otro avión había lanzado un paracaídas con un objeto que parecía ser otra bomba. Al desarmarla descubrieron un cilindro con una carta dirigida al profesor Sagane de parte de tres de sus antiguos colegas científicos durante su estancia en los Estados Unidos. Transcribo algunas partes de la carta:
“Enviamos esto como mensaje personal para que emplee usted su influencia como famoso químico nuclear y llegue a convencer al Estado Mayor japonés de las terribles consecuencias que sufrirá su pueblo si continúa esta guerra… En el breve espacio de tres semanas, hemos probado una bomba en el desierto americano, explotado una sobre Hiroshima y lanzado la última esta mañana (9 de agosto de 1945).
Le rogamos que confirme estos hechos a sus jefes y haga todo lo posible por detener esta terrible destrucción y pérdida de vidas humanas, que sólo puede conducir a la total aniquilación de sus ciudades si esto continúa así. Como científicos deploramos el empleo de este formidable descubrimiento, pero le aseguramos que a no ser que el Japón se rinda inmediatamente, esta lluvia de bombas atómicas aumentará en cantidad”.
No cabe duda que esta carta fue un factor determinante para que el Japón se rindiera el 15 de agosto de 1945.
Nagasaki e Hiroshima
¡Ciudades sacrificadas!
Su tragedia aún lastima…
¡No deben ser olvidadas!
Lea el artículo completo aquí.



