La vela que ahora se apaga ha encendido mil velas más, y alumbrado a esas almas que gravitan en la obscuridad llenándolas de amor, ternura y esperanza. Ahora esa vela se está apagando, confiada en haber cumplido su misión: alumbrar el camino hacia un mundo interior.
He visto velas de varios tamaños, colores, fragancias e intensidades, que han alumbrado a las almas que en la oscuridad han perdido el camino hacia el encuentro de la luz. Esa luz puede iluminar la senda, brindar la certeza de superar vicisitudes, y así permitirnos avanzar con pasos seguros hacia el lugar y espacio esperados. Ahora me refiero a una vela cuidada, amada, apreciada y reconocida por quienes nos acercamos alguna vez, para encenderla.
Al recordar la intensidad de su brillo, siento que permanece en mi corazón. Hubo vendavales que pretendieron sofocarla, acabarla o apagarla, pero sostiene fuerte su llama nutricia. En ocasiones esa luz sonríe, tirita de frío, comparte su calor, derrama lágrimas, y luego ajusta sus contornos para continuar alumbrando el camino de otras almas.
Algún día un viento frío la apagará, porque así corresponde que suceda. No habrá nada ni nadie que pueda proteger esa llama viviente y nutricia. Se apagará y las velas que encendió alguna vez continuarán su misión: alumbrar el camino hacia el mundo interior; entonces disfrutaré ser testigo de esas velas que rodearán su lugar, espacio.
Espero que la magia que iniciaste hace tantos años continúe presente en otras velas; siempre conservaré tu esencia, perfume y colores. Desde una colina verás el cielo, y agradecerás los regalos y dones recibidos. Acompañarás a otras velas que te compartieron sus historias, y gozarás con ellas los logros obtenidos en tu quehacer cotidiano.
La música selecta, el vino, las lecturas y fotografías nos recordarán tu contribución. Celebraré con aplausos, risas, lágrimas y memorias lo que me has regalado durante tanto tiempo, y el recuerdo de tu luz permanecerá en múltiples detalles compartidos.
Tus ojos se cerrarán, pero tu espíritu y alma volarán a encontrarse, en la fuente, con quienes te dieron la existencia. El ciclo se cerrará cuando así corresponda, para iniciar el proceso de evolución. Tus oraciones y bendiciones llegarán a quienes rodeamos tu ser y existencia. Agradezco lo vivido a tu lado, por supuesto lo gozado aquí y ahora en presencia plena.
Estoy consciente de que tu luz se va apagando suavemente. Por ello cada día agradezco tu voz, risas, detalles y sugerencias puntuales acerca de los pasos a seguir. Gracias por tu sabiduría, ejemplo de cordura, amor, paz y esperanza.
Has encendido velas que continuarán con tu legado pues, aunque la tuya se apague, como dijo Confucio: “Toda la oscuridad del mundo no puede apagar la luz de una sola vela”. Cierro los ojos, escucho tu voz queda y pausada, el sonido de tus pasos lentos cuando te acercas para disfrutar de un desayuno ligero y la charla de sobremesa. Me sorprende tu sabiduría y la claridad de tus ideas; la pasión por tus recuerdos cobra vida en cada charla.
Ese amor por los tuyos ha encendido la luz en sus corazones y, por supuesto, brilla en las estrellas del firmamento. En mi corazón siempre tendré una vela encendida para recordarte con amor y esperanza.
Tu luz, tía Beatriz, se apagará cuando corresponda… Celebraré siempre tu presencia firme y exquisita en nuestras vidas. La llama de tu vida parpadea, emana una luz clara, nítida y llena del perfume de “tu pasión por vivir”. Luz y sombra, sinfonía de una vida plena.
George Bernard Shaw expresó: “La vida no es una vela breve para mí. Es una especie de antorcha espléndida que he apoderado por el momento, y quiero hacer que arda lo más brillantemente posible antes de entregarla a las generaciones futuras”.
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