La nueva película dirigida por el aclamado director Christopher Nolan representa un importante triunfo para Hollywood en esta década. Su impacto mediático y sus grandes números en la taquilla reviven la era dorada (hitchockiana) de la industria cinematográfica en la que grandes producciones con elencos brillantes y obras técnicamente sublimes se convierten en blockbusters amados por la audiencia. Lo más admirable del reconocido director inglés es que sus filmes —excepto Tenet— unen las opiniones de la feroz crítica con las de los espectadores. En un mundo tan acelerado, cada vez es más difícil construir un hilo narrativo profundo y técnicamente excelso con larga duración que sea soportado y bien recibido por el público. Nolan lo logra a través de una trama compleja que refleja la paradoja más grande del siglo XX: la culminación de la teoría física y la ciencia moderna que prometían un progreso ineludible para la humanidad es, al mismo tiempo, el arma más temible y dañina de todos los tiempos, la bomba atómica. Todo el dilema de esta contradicción recae sobre el denominado padre de la bomba atómica, el Dr. J. Robert Oppenheimer, un genio con grandes convicciones políticas que afrontó las consecuencias psicológicas y sociales del logro que lo consagró en la historia de la humanidad, pero al mismo tiempo lo convirtió en “muerte, el destructor de mundos”.
La película, al puro estilo de Nolan, maneja distintos tiempos narrativos. Al espectador lo mantiene en un laberinto narrativo en el que, junto con los personajes involucrados en la catástrofe de Hiroshima y Nagasaki, tiene que ir construyendo la verdadera historia del suceso que terminó con la Segunda Guerra Mundial. La grandeza del filme está en sus diálogos, todo influye en la decisiones que tomó el Dr. Oppenheimer para llevar a cabo el proyecto Manhattan, desde la situación geopolítica mundial hasta su situación personal. Lo relevante es que Nolan no emite ningún juicio sobre el protagonista de la historia, muestra sus demonios internos, sus profundas ambiciones, su relación con las mentes más brillantes de la época, su entendimiento de un mundo atómico que es invisible para los ojos de la mayoría y su compleja personalidad, pero nunca condena ni redime al padre de la bomba atómica.
La interpretación de Cillian Murphy es brillante. Con su rostro y con grandes secuencias narrativas entiendes la complejidad de lo que vive el científico norteamericano, desde su ascenso en el mundo de la ciencia hasta su tormentosa caída ideada por el maquiavélico general Levis Strauss (interpretado por un brillante Robert Downey Jr.), presidente de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos. La película repasa años de confusión y tensión en Estados Unidos por los acontecimientos mundiales: el paranoico temor de los norteamericanos a la expansión del comunismo; los avances en las teorías atómicas a nivel mundial; el antisemitismo nazi y su posible triunfo en la guerra; la pretensión del presidente Truman para liderar la carrera armamentista a nivel mundial; la soberbia intelectual de la comunidad académica; entre otras realidades que definen a la perfección lo que fue Estados Unidos a mediados del siglo XX.
La cantidad de diálogos y acontecimientos requieren que el espectador preste mucha atención y tenga buena memoria, el reparto y las magníficas actuaciones facilitan esta compleja tarea para hacer del filme una experiencia memorable.
El guion es extraordinario porque repasa la historia reciente de las teorías físicas sin ser abrumador, al mismo tiempo recorre los miedos, a través de sus genios, más profundos de una nación que siempre se ha sentido predilecta. Los apoteósicos efectos especiales y sonidos facilitan la inmersión del público a un viaje apasionante, lleno de claroscuros, en los acontecimientos que marcaron el rumbo de nuestro mundo desde el terreno de la física hasta el campo de la ética. Nos metemos en la piel de un dilema que ha quedado sin resolver y que atormentó toda su vida a Oppenheimer (el Prometeo de nuestra era): ¿era justificable la creación de la bomba atómica y su lanzamiento en Japón? Problema por el que ninguna persona del bando ganador en esa horrorosa guerra ha sido juzgada, aunque, como bien recuerda el protagonista de la historia, la consecuencia de esa decisión dejó a más de 220 mil japoneses muertos.
Nolan se basó en la biografía ganadora del Pulitzer: American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J.Robert Oppenheimer para narrar la historia del hombre que hizo posible la construcción de un arma tan letal. El principal acierto del director es que expresa los sentimientos y las preocupaciones existenciales y profundas de todo ser humano en la persona de Oppenheimer. Explora la culpa, la conciencia, la pretensión, la soberbia, la búsqueda de éxito y reconocimiento, la familia, entre otros. Humaniza a un antihéroe con una personalidad atormentada y sumamente compleja de comprender que al final de su vida lo único que busca, como toda persona, es redimirse para enmendar los errores de su pasado.
Querido lector, Oppenheimer será recordada como una de las obras maestras de nuestra década, un Nolan maduro y dominante expone realidades incómodas que te hacen sentir juez y parte del suceso que desató la posibilidad de “una reacción en cadena interminable que puede destruir el mundo”.
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