“Hoy me operan. Cuando todo iba bien con la alimentación, el ejercicio, la nutrición, las actividades profesionales y familiares, de un día para otro, algo pasó en mi organismo que dejó de funcionar en un aspecto vital: poder comer”.
La carta de un cibernauta sobre lo que significa poder comer es estremecedora.
Cuando comer es algo normal y cotidiano para muchas personas en México y en el mundo, como dice Pablo, es algo mecánico, y de pronto ya sea por algún padecimiento o porque simplemente no tienes recursos suficientes para comer lo que quisieras y cuanto quisieras, como sucede con una de cada cuatro personas en Sonora que viven en pobreza alimentaria ¿Cómo reaccionas?
Sin lugar a dudas es algo en lo que nunca, jamás pensamos. Pensamos en la posibilidad de la muerte, en la posibilidad de enfrentar alguna enfermedad grave, en la posibilidad de perder el trabajo, en la posibilidad de perder la casa cuando de deudas se trata…en la posibilidad de perder a nuestros padres o hijos, lo más extremo.
Pero nadie piensa qué haría si de la noche a la mañana ya no pudiera comer. La vida ordinaria está atada a una mesa en cuyo entorno se dan las mejores relaciones, se tomas las mejores decisiones y se pasan los mejores momentos de la vida en familia, con amigos, con los afectos más sinceros.
“Compartieron el pan y la sal” decimos para hacer ver que son muy cercanos, que hay una confianza sincera y familiar.
Bien vale la pena leer este texto de Juan Pablo Adame que con todo su corazón compartió en twitter horas antes de someterse a una cirugía, con una sensibilidad a flor de piel y seguramente no es el único a quien le está pasando o le ha pasado. No esperemos a que nos pase para valorarlo, es el consejo que nos quiso entregar.
Comer mucho, comer poco, comer lo básico o comer en los mejores restaurantes, eso no es lo que importa. Lo que verdaderamente importa son solo dos cosas
- Comer
- Con quién
/Vía @JuanPabloAdame
https://twitter.com/JuanPabloAdame/status/1679144766401855491




