Es normal pensar que nuestra profesión es la salvación de todos los problemas. Mientras que el profesor asegura que la educación es el remedio de todos los males y el biólogo argumenta que en la naturaleza encontramos todas las soluciones, los que fomentamos la lectura estamos convencidos de que leer puede prevenir y resolver una gran cantidad de problemas personales y sociales.
La lectura está ligada al respeto, porque al momento de abrir un texto leemos, escuchamos y hablamos con otra persona. Por lo general leemos callados o en voz baja, y esa acción de modular la voz o de guardar silencio para concentrarte buscando descifrar las palabras que otra persona escribió, es un acto reflejo que pacta el acuerdo entre el lector y el autor. Alguien habla y el otro escucha. Es una práctica sencilla, pero parece que hoy en día pocos lo realizan.
Leer no te hace mejor persona o te convierte en alguien más sensible, pero da argumentos para el diálogo, para descifrar el presente que siempre va cambiando. En eso radica su importancia en el ámbito personal, ya que la lectura estimula el autoconocimiento y probabiliza la empatía con los demás. Es común encontrar a jóvenes introvertidos en clubes de lectura o que tus mejores amigos los conozcas en actividades literarias.
En una época tan inestable y tan polarizada como la que estamos viviendo, la lectura es un bastión en donde podemos apoyarnos mientras vemos que el ciclón del presente trae y se lleva nuevas tendencias. El debate y la discusión argumentativa así como el intercambio de ideas parecen ser prácticas del pasado. En una época de pocos lectores, todos creen tener la razón.
El futuro no sólo se basa en la esperanza o en la alegría, sino en el conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos. Leer para crear vínculos con los demás debe ser un mantra. En un país con miles de personas desaparecidas, lo que menos pueden hacer los políticos es reírse de nimiedades sino ser empáticos con los demás. No nos estamos viendo en el otro. Alguien nos quitó el espejo.
La falta de estímulos en el sector editorial, la desaparición de fondos para publicaciones, la carencia de programas innovadores que incentiven la creación literaria, el desinterés en la red nacional de bibliotecas y el cierre de festivales, ferias y encuentros literarios en todo el país, provoca que la lectura no sea una prioridad para ningún gobierno actualmente. Se prioriza el estímulo económico en vez del conocimiento. En eventos en donde se entregan miles de becas a jóvenes universitarios, no hay un solo libro.
Leer crea confianza en la palabra y evita la exclusión. Leer abre diálogos y minimiza la censura. Leer define y evita la improvisación. Leer está ligado al pensamiento y te aleja del fanatismo. Los lectores apolíticos y neutrales nos hemos quedado en pequeñas islas separados unos de otros. A lo lejos escuchamos el bullicio de los fanáticos que excluyen, censuran e improvisan.
Esta columna está dentro de una botella que ahora mismo lanzo al mar. Con un poco de suerte, alguien la leerá en voz baja.
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