Oficialmente nos encontramos a nada de iniciar la segunda mitad del año y comenzamos el mes de julio dando espacio a lo que se conoce como zoonosis que se define como el proceso de transmisión de enfermedades e infecciones entre animales y humanos; cabe mencionar que cuando dicha transmisión se suscita de animales a humanos se le conoce como zooantroponosis y cuando ocurre en sentido inverso, el término asignado para ello es antropozoonosis.
Las enfermedades zoonóticas han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad (desde la ‘peste negra’ hasta la pandemia de Covid-19), haciendo fehaciente la extrema proximidad y relación entre humanos y animales, y por ende, la importancia de vigilar cómo se desenvuelve dicha interacción ya que tendrá influencia en diversos ámbitos de la sociedad como la economía, salud y la existencia misma.
Las enfermedades zoonóticas se originan a partir de interacciones cercanas entre humanos y animales cuando entre ambos se presenta la exposición principalmente con fluidos que cuenten con la presencia de patógenos permitiendo así su migración y la propagación de enfermedades a otras especies en las que nunca se habían manifestado.
Entre las condiciones y prácticas que incrementan la probabilidad de aparición de enfermedades zoonóticas se encuentran (aunque no se limitan a) la perturbación de hábitats naturales, el comercio de vida silvestre, las prácticas agrícolas intensivas y el cambio climático.
Por otro lado, considero que todos ya teníamos conocimiento de este proceso aunque quizá algunos desconocíamos el término correcto. Las enfermedades de origen zoonótico no sólo tiene repercusiones en la salud integral humana sino también en sectores como el económico y social, siendo un claro ejemplo la pandemia de Covid-19, ya que la capacidad de poder adquisitivo y acceso a la salud de cada individuo y entre naciones es diferente y por tanto, se ve expuesta la vulnerabilidad de aquellas personas, sectores o países que son menos favorecidos volviéndose una tarea titánica la búsqueda e implementación de estrategias lo más rápido y eficientemente posible para salir adelante ante escenarios desalentadores. De ahí que es imperativa la colaboración global para la inversión en investigación (ya que evidentemente se requiere de todo el conocimiento posible para comprender la interacción entre el patógeno y huésped derivada de un evento zoonótico para implementar las medidas sanitarias pertinentes y así evitar la progresión de la infección a una o varias enfermedades así como la identificación de los tratamientos adecuados ante el cuadro que manifiesten los pacientes), diseño e implementación de protocolos, mejorar la observación, vigilancia y rapidez de respuesta ante la detección de signos tempranos de brotes para su control e impedir que trasciendan a epidemias o pandemias y además promover y regular el comercio responsable y legal de vida silvestre.
Entre las iniciativas planteadas para dar respuesta a este tipo de problemáticas se encuentra “One Health” de la OMS, la cual de acuerdo a Sánchez y col. (2022), es una estrategia que posee un enfoque multidisciplinario y que está orientada a la búsqueda del equilibrio de la salud humana, animal y del ecosistema de forma sostenible reconociendo que la salud de la humanidad, de la fauna, flora y los ecosistemas se encuentran fuertemente ligadas y por tanto pretende identificar y atender los posibles riesgos que eventualmente puedan atentar contra todas las formas de vida pero satisfaciendo las necesidades de recursos de forma responsable.
De ahí que podemos deducir que para que esto sea posible requiere el compromiso de todos, tomando acciones desde nuestra trinchera y en la medida de nuestras posibilidades, así como también educándonos, respetando y empatizando con cada una de las especies que habitan nuestro planeta ya que realmente todos los seres vivos estamos conectados y por tanto somos uno.
Excelente fin de semana.
Lea el artículo completo aquí.



